jueves, 6 de julio de 2017

...Hasta las muñecas de trapo se descosen. 


No soy una muñeca y mucho menos de trapo. No soy una muñeca a quien puedas vestir y desvestir a tu antojo, a quien le pongas zapatos altos cuando quieras darle gusto a la vista. No soy una muñeca que puedas peinar como te plazca. No soy una muñeca para tener una mueca sonriente en todo momento. No soy una muñeca a quien puedas guardar en una vitrina y mucho menos en un cajón; para después tomarla  cuando te encuentras aburrido, necesitado de atención o simplemente recuerdes que ahí esta. No soy una muñeca, y mucho menos de trapo a la que mangonees sin importarte la fragilidad de mi cuerpo. 

No soy una muñeca y tu no eres un niño pequeño jugando. Eres un adulto negando serlo, demostrándolo con acciones autoritarias cada vez que requieres a tu linda muñeca.   
Entiende por favor, no soy una muñeca.   
No intentes sacarme de nuevo de la vitrina solo porque han llegado visitas. No podré poner la mueca de felicidad que tanto te gusta, ni la voz chillona de niña buena, ni el cabello como se te antoje, ni siquiera el vestirme o desvestirme para complacer tu vista. No soy una muñeca. Acaso, no te das cuenta. Soy un ser vivo. No soy de plástico para no sentir nada, tampoco soy de trapo para que me tomes sin cuidado.

¡No soy una muñeca. No puedes jugar conmigo!



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